Cómo se forman las brisas mediterráneas

¿Os habéis fijado que en la costa bañada por el Mediterráneo, cuando llega el mediodía, comienza a soplar una suave y fresca brisa? Yo no, la verdad. Desventajas de no tener una melena que baile al viento. Pero mi amigo Eloi sí que se ha percatado y me pregunta por qué pasa.

Señorita atusándose el foular bajo la brisa mediterránea. [link]



La explicación es sencilla. Las brisas costeras se producen por la diferencia de temperatura entre la tierra y el mar. Ambos medios se calientan de manera desigual: La tierra firme es muy sensible al sol. Así, la arena te abrasa los pies cuando caminas sobre ella al mediodía y, por contraste, de noche está fresquita y resulta muy agradable de pisar. El mar, sin embargo, atrapa el calor sin subir excesivamente su temperatura, pero retiene mejor ese calor. Esta diferencia de temperaturas provocan diferencias de presión atmosféricas sobre las dos superficies.

Caballero como de los que ya no quedan, transportando a su amada a lomos para evitar que ella se queme sus pies de princesita. [link]

El ciclo de brisas costeras es el siguiente: Cuando sale el sol por la mañana y empieza a cascar calor, el aire pegado a la arena se calienta y tiende a ascender. Ese aire cálido es reemplazado por aire frío, más pesado y de procedencia marina. Y es ahí cuando notamos la brisita, que los marineros llaman virazón. Este fenómeno ocurre con puntualidad británica hacia el mediodía. La brisa va ganando fuerza e intensidad, alcanzando su punto álgido sobre las cuatro o cinco de la tarde.

"Las palabras se las lleva el viento. Los pelos también" [link]

A partir de las cinco, cuando el sol comienza a aflojar, el virazón pierde intensidad hasta desaparecer. Tras ponerse el sol, la arena se enfría enseguida y, como el mar mantiene su temperatura, comienza una brisa de terral que sopla durante la noche, en sentido contrario y con menos intensidad que el virazón.

Alegre surfista retirándose con la caída del sol y la llegada del terral. [link]

Y ahora que conocéis el misterio de las brisas, pequeños grumetes, haceos a la mar a descubrir tesoros olvidados. Eso sí, no os olvidéis de hacer las dos horas de la digestión.

[via divulgameteo]

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