La empatía: Ponte en mi lugar

Valencia. 18 de Marzo. Una y media de la tarde. 27 grados al sol. Mi amiga y yo nos colocamos bajo la solana para ver el espectáculo. Apuramos nuestras patatas fritas mientras hacemos tiempo, tras habernos bebido una cerveza fría. Al poco tiempo, unos moteros se ponen delante de nosotros y comienzan a fumar porros. El humo nos da directamente. Pasa el tiempo y cada vez hay más gente. Estamos rodeados de centenares de personas. Finalmente, comienza la mascletà. Va avanzando y, cuanto más miro al cielo y mayores son las explosiones de pólvora, peor me empiezo a sentir. Me sigue llegando el humo de porro, mezclado con el de la pólvora. Me suda la frente por el sol, por el calor, porque no corre la brisa entre tanta gente. Se me va nublando la vista, se me taponan los oídos y siento una náusea. Comienza la parte final de la mascletà y mi cuello ya no puede aguantar a mi cabeza mirando al cielo. Justo cuando acaba la última explosión se me doblan las rodillas y me agarro al hombro de mi amiga.

Gente esperando a que comience la Mascletà. Yo soy el de la camiseta azul. Busca, busca...[link]


La gente, tras los aplausos, comienza a moverse. Se ha acabado el espectáculo. A continuación tiene lugar una escena coordinada: Mi amiga y una chica que estaba detrás de mí me sostienen. Dos señores  deciden guiarme hacia un sitio con sombra. El más grande se pone delante para ir abriendo camino entre el tumulto. El de atrás vigila que no me caiga al caminar. Me dejan junto a la furgoneta de RTVE, donde pega un poco de sombra. Los chavales que estaban apostados allí, enseguida me dejan hueco para apoyar la espalda. Uno de ellos, que también trapicheaba con marihuana, le dice a mi amiga que me consiga una Coca-cola. Entretanto, no sé muy bien cómo, uno de ellos me pasa un puñado de hielo y me lo paso por la cabeza y la nuca. Otro tío, que dice haber servido en la legión, me dice que lleve siempre algo de azúcar, que él en los desfiles lo pasaba fatal y siempre había alguien que se desvanecía. Mi amiga llega con el refresco. Otro de los chavales me dice que eso va muy bien porque él fuma muchos porros y cuando se pilla un mareo se recupera con Coca-cola.

Los síntomas de envenenamiento por pesticida, muy similares a una bajada de tensión en una Mascletà [link]

No me dejaron moverme hasta que vieron que tenía mejor aspecto. Al acabarme el refresco, recuperé un poco el color en la cara. Les agradecí a todos ellos la ayuda que me habían prestado. Y desde aquí la reitero.

Hoy he estado pensando en cómo funcionamos ante esas situaciones, en cómo respondemos con un instinto de solidaridad y compasión ante alguien que lo está pasando mal. Este fenómeno, el de ponernos en el lugar de la otra persona, se denomina empatía y es uno de los rasgos que definen al ser humano.

La empatía se debe a las neuronas espejo. Las neuronas espejo son las neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar a otro individuo, especialmente un congénere. Son fundamentales para el aprendizaje, ya que se activan tanto cuando realizamos una actividad (por ejemplo sacar la lengua) como cuando vemos a alguien haciendo esa misma actividad. Es decir, que son las responsables de nuestra capacidad de imitación y, por tanto, de que podamos aprender. Pero no solo de eso, sino también de que sepamos ponernos en el lugar de las otras personas:  de que se nos contagien los bostezos o la risa de otra persona, de que sintamos pena o dolor ante la desgracia de otro o de que nos haga felices que alguien que nos importa lo sea.

Imitación entre un monito y un humano. Monito ve sacar la lengua, monito saca la lengua. [link]

Todos los animales tenemos neuronas espejo. Pero la cantidad y conexiones que estas tienen con otras regiones del cerebro es mucho mayor en los humanos.

Esto puede ilustrarnos acerca de lo importantes que son las neuronas espejo para el aprendizaje y la empatía: Descubrimientos recientes sobre la enfermedad del autismo evidencian que estos pacientes tienen dificultades para relacionarse con los demás porque presentan un grave déficit de neuronas espejo. Esto les imposibilita empatizar con los demás y carecer de la capacidad de entender los gestos y comportamientos de los que les rodean. Así, si un desconocido quisiera acercar su mano para acariciar a un niño autista, por ejemplo, el niño podría responder violentamente por creer que el desconocido quiere agredirle. Esto es debido a su incapacidad para entender la intención que acompaña a los gestos de los demás.

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Así pues, esa gente que me ayudó se puso en mi lugar gracias a las neuronas espejo y al sentimiento de empatía que son capaces de provocar: con tan solo verme la cara, extrapolaron sus experiencias anteriores o similares (la del legionario que se mareaba en las marchas, o el chaval que dijo que a él la Coca-cola le iba genial cuando se mareaba con los porros) y ayudaron natural y espontáneamente a alguien que estaba en apuros.

Os dejo otro ejemplo de empatía en acción: Este vídeo contiene caídas. Veréis como os resulta difícil reprimir una mueca de dolor ante algunas de ellas. Vuestras neuronas espejo están trabajando a tope...



Si quieres saber más te recomiendo:
[Programa de redes: mentes conectadas sin brujería]
[wikipedia]
[Libro: Las neuronas espejo, de Marco Iacoboni]

1 comentario:

  1. Buenas, acabo de descubrir tu blog (que me está resultando de lo más interesante, ¡enhorabuena!) y sólo quería comentar que, aunque la entrada es antigua, a lo mejor te gustaría corregir esta frase (está en el penúltimo bloque):

    "Esto les imposibilita empatizar con los demás y carecer de la capacidad de entender los gestos y comportamientos de los que les rodean."

    Es una tontería, (les imposibilita carecer...) pero me ha encantado tu forma de escribir y creo que a todos nos pasa que cuando escribes y relees varias veces el mismo texto es complicado encontrar errores. No quiero ser grosera, sólo echar un cable.

    Saludos!

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