Mentiras de narices

Los niños son muy sensoriales. Cuando un niño oye algo que no quiere oír, se tapa los oídos. De la misma manera, cuando miente, casi de una manera instantánea, se tapa la boca con las manos, en un intento por evitar que se le escapen más palabras.

Niña mintiendo. Imagen encontrada aquí




Cuando nos hacemos mayores, los gestos se disimulan y perfeccionan. Un adulto no se tapa la boca con ambas manos, pero muchas veces no podrá evitar llevarse un dedo a la boca o a la barbilla o tratar de disimular y rascarse la nariz.

El gesto de la mentira es más sutil en adultos. Imagen encontrada aquí


Sin embargo, se ha descubierto que puede haber otro motivo que haga que los adultos tengamos dificultad para evitar llevarnos las manos o los dedos a la nariz cuando mentimos: Las catecolaminas. Se trata de una sustancia química que se libera en la nariz cuando mentimos y que estimula el aumento de la presión sanguínea, provocando un cosquilleo o picor. Así lo confirman en la Fundación para el Tratamiento y la Investigación del Gusto y el Tacto de Chicago.

Obra del polaco Pawel Kuczynski

A este fenómeno se le conoce como Efecto Pinocho. ¿Quién le iba a decir a Carlo Collodi que no estaba equivocado cuando creó al niño de madera cuya nariz crecía al mentir? Menos mal que no acertó en que, según esta misma Fundación, el pene también aumenta de tamaño cuando mentimos (debido al aumento de presión sanguínea), porque sino Disney hubiera tenido problemas para adaptar el cuento.

"Cigar Break" de Bob Dob
"Miénteme, Pinocho". Imagen encontrada aquí

[via menéame]
[via Xataka Ciencia]

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